miércoles, 19 de noviembre de 2014

Paz

¿A partir de cuándo está bien rendirse?

Tengo muchos años peleando y francamente nunca me ha gustado la lucha a muerte, probablemente es por eso que soy tan eficiente matando a mis enemigos, detesto el conflicto, quiero que termine rápido: dales una falsa sensación de seguridad, incitalos al ataque frontal, haz que pierdan el equilibrio, mata.
Pelear por matar nunca ha sido entretenido, no hay aprendizaje, no hay rivalidad, sea que la muerte termina todo o que la muerte nos lleva a otro lado, matar a tu enemigo termina la relación, lo que quiera que aprendiste de ese duelo, el lo último que tu rival enseñará en vida.

Cuando lucho contra alguien que no me esta enseñando mucho trato de vencerlo sin matarlo, pero lo terrible de luchar a matar es que te enseña a ver este tipo de misericordia como debilidad, al final los termino matando, cuando tratan de matarme, casi nunca se rinden.
Los pocos que se rinden se van vencidos, deshonrados, como si su derrota sin muerte resultara vacía y una mancha, como si no fueran ahora mejores guerreros. Algunos regresan a sus tierras esperando ser humillados y maltratados, otros se van en otra dirección, buscando una nueva vida de paz, dejando de lado el "honor" y el "deber".

Mi señora me dijo alguna vez que si algún día ya no quería luchar, que simplemente me vaya, a donde quisiera, que haga una vida diferente lejos del bosque, que cuelgue mi espada, que escuche otros ruidos, que toque otras melodías. Yo no soy como los que se rinden en combate, cuando lucho contra alguien mejor que yo trato de aprender y de matarlo lo más pronto posible, he estado cerca de la muerte, he logrado volver, he sido vencido nunca derrotado. El día que eso suceda deberé escoger entre mi muerte y construir una vida nueva, una vida en la que luchar no sea una opción, cuando me levanto me pregunto si será el día que alguien por fin me derrote, a veces, sueño con ese día con ansias y me pregunto qué decidiré.

Yo cuido lo que es más sagrado, el árbol junto al manantial, el manantial cerca al claro, el claro en el centro del bosque, el bosque en el corazón del valle y el corazón mismo del valle en medio del árbol. Cada año durante la era del rey de cristal los reyes de varios reinos y los nobles del reino venían a escuchar el canto de mi espada, los señores de otro reino traían al más grande de sus caballeros a probarse conmigo en un combate para entretener a los reyes, aprendí mucho en esa época y mi espada nunca cortó el viento como ante la princesa solitaria, que venía de ningún reino y sin campeón alguno.

Fue en esos años que conocí al guerrero andante, fuera de mi maestro, quién más me enseñó. Llegó una tarde de primavera, yo practicaba una sonata, y el sonido del viento cortado daba vueltas en el aire. Las aves estaban en silencio, el manantial calmaba a los sonidos del bosque y los insectos se habían detenido a escuchar; sólo por eso logré escucharlo acercarse, sólo por eso no fui vencido en el primer intento. El andante me contó sobre las batallas en las que había luchado, los guerreros guardianes a los que había vencido antes de pelear conmigo, los maestros que le habían enseñado. Nunca antes había llegado al corazón del valle un guerrero que me venciera, nunca antes había venido un guerrero que viniera a vencerme y no a robarse lo más sagrado.

Tiempo después fue que hablé con la nueva señora y me dijo que podía irme, que los reinos ya no existían, que lo sagrado ya no tenía significado y que el reino había decidido liberar a los guardianes. Cuando dice danzar a mi espada la señora no escuchó la música y me dijo que era libre de quedarme aquí si así lo quería, pero que no era ya cuestión del reino.

Durante años no vino nadie a retarme o a visitar el lugar sagrado. Durante mucho tiempo solo me acompañaba mi espada y mi su cantar, a partir de ese momento me comencé a preguntar cuándo debía rendirme, si mi lucha ya no significaba, si no había nadie con quien luchar. Esto me llevó la época de preparación, cuando me sacaron del templo del maestro críptico y me mandaron a viajar y aprender de los otros guardianes. Cuando me enseñaron la importancia de lo sagrado, que mi vida estaría ligada eternamente a aquello que cuido y a mi espada cantarina.

Vengo escuchando rumores de que los guardianes han ido cayendo en los otros manantiales, muchos de ellos amigos míos, me pregunto si habrán caído luchando o si se habrán rendido. Un hada me regaló un sueño en el que me mostró que pronto tendría mi última batalla, así que me puse a entrenar y mi espada sigue cantando...

El tiempo se acaba, escucho que vienen de todos lados, pero otros pueden rendirse, buscar la paz y la armonía, yo cuido lo más sagrado y si me debo ir, me iré como debe irse el último de los guardianes.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La princesa y los focos.

El problema revolvente de los cuentos de hadas es que usualmente esperamos que acaben de cierta manera, y desde un inicio pensamos que debemos saber cómo debe acabar. Este cuento no es uno de esos cuentos; probablemente porque escribir sobre una princesa y no hablar de su gran reino ya nos pone en un apuro tremendo, felizmente esta es una princesa que sabe no dejarse amilanar por estereotipos, sabe que ser princesa no tiene que ver con un reino, una corona, sirvientes o, menos aun, con un príncipe (en su momento expresó que uno no sería suficiente); ella tiene claro que hay algo más, algo intangible, tan valioso y escaso, que escapa de la mayoría de escalas de valor(y a la mayoría de princesas).
El otro tema son las hadas, porque este es sin lugar a dudas un cuento con hadas; y es que hay hadas y hadas, y en este cuento las hadas gustan de contar cuentos, pues son seres de sueños, y nuestros sueños son los cuentos de hadas mas dulces o los más terribles. Por eso cuando un hada se mete en la noche por tu ventana, piensa seriamente sobre tu día y pon tus pensamientos en paz, porque cuando las hadas revuelven tus sueños, te pueden regalar la mayor inspiración o traer de vuelta a tus peores pesadillas.
Y no es que las hadas sean criaturas del mal, lamentablemente ese es otro problema de este cuento, no sabemos aun donde esta el mal, o si esta en algún lado, pero sabemos que no es culpa de las hadas, ellas hacen lo que deben hacer, llevar a los seres vivos inspiración o enseñarles a enfrentarse a sus miedos. Los miedos del ser humano vuelven a sus sueños pesadillas y las hadas no se encargan de evitar eso.

La princesa vivía en la ladera de un monte al lado este del reino, en las mañanas salía a pasear por entre los árboles con sus hijos guardianes, cuidaba y guardaba a su reino mientras estiraba las piernas, y soñaba con mundos más hermosos, mundos en los que sus protegidos no sufrieran, en donde el amor no sea un momento en el tiempo y en el que aquellos a quienes queremos nos acompañan aún luego de haberse ido.
Y una noche(porque todo cuento debe llegar a esa noche) un hada se metió por la ventana de la princesa y decidió contarle el cuento del rey de los focos, y el cuento era de antes que el rey de los focos fuera rey de nada, de cuando era un pequeño príncipe, mucho tiempo atrás, preguntándose por qué la oscuridad era tan terrible.

En esa época las hadas entraban más seguido a las habitaciones de los príncipes y princesas, cuando se ponía el sol y no había que alumbre, las hadas, siendo seres que temen a la luz, aprovechaban esos momentos para inundar sus mentes de sueños de grandes reinos y hermosas canciones. Sin embargo este príncipe en particular temía a la oscuridad, y no era este temor sano a lo desconocido, sino un fuerte miedo a la ausencia de luz; cuando las hadas se metieron por su ventana, el príncipe dormía en la oscuridad, algo agitado; en las memorias del rey de los focos está escrito que esa noche fue la noche que decidió dejar de soñar.

Y ese fue el gran problema, la mañana siguiente invento los focos, y con los focos las hadas no entraban en su cuarto, el miedo a la oscuridad había sido aplacado y nunca más un hada la daría pesadillas, pero tampoco le daría inspiración. Y entonces el rey se quedó como señor de los focos y portador de la luz, otros hombres que comenzaron a temer a la oscuridad comenzaron a utilizar los focos y le rey fue ganando poder y más poder, cada vez aparecían más focos y menos hadas. El rey no volvió a soñar y nunca superó el miedo a la oscuridad.
Poco a poco otros hombres temerosos inventaron nuevos focos, más potentes, que iluminaban lugares más allá de sus cuartos y siguieron los pasos del ya difunto rey, y poco a poco perdieron la capacidad de soñar. Porque el sueño que venía de las hadas, era lo que nos hacía crecer, y nuestras pesadillas nos enseñaban a lidiar con nuestros miedos; aquellos que no podían recibir a las hadas en las noches no podían crecer, y quien no puede crecer, está condenado a temer a la oscuridad.

En el sueño que el hada le mostró a la princesa, los focos estaban matando a las hadas y las hadas necesitaban ayuda, el ser humano no lo sabía pero mucho tiempo había pasado desde que buscó en la luz la respuesta a sus miedos, en lugar de buscarlos en ellos mismos, esto mataba a las hadas; por eso le recordaron a la princesa que la clave de vencer el miedo a la oscuridad no está en el foco que podamos traer, sino en la luz que nos guía desde dentro(crípticas como son las hadas).

Esa mañana la princesa se levanto a caminar por el bosque como todas las mañanas, mientras la naturaleza despertaba a su alrededor y sus guardianes comenzaban a seguirla, recordó que su amigo el escriba había regresado a su antigua torre luego de muchas aventuras y decidió visitarlo y hablarle de su sueño. El escriba escucho el sueño de la princesa atentamente y luego cerró sus libros y decidió contarle un poco más sobre las hadas, las pesadillas y el origen de los miedos.

Durante horas y horas el escriba y la princesa conversaron acerca de sus miedos y de los focos que debían apagar(así como los que aún tendrían que seguir prendidos). La mañana siguiente la princesa se fue a seguir caminando y el escriba salió de su torre para buscar más conocimiento (como hacen los escribas todas las mañanas). Esa noche el escriba apago el foco y un hada lo hizo soñar.

La princesa siguió caminando por el bosque pensando y soñando, esperando el momento para apagar sus focos y enfrentarse a sus miedos, esperando el momento para apagar los focos de más gente. Esa noche la princesa durmió con miedo a la desaparición de las hadas y de los sueños. Poco tiempo después la princesa sería atacada por sus pesadillas, pero eso ya es otra parte de la historia, y como ya les conté el problema con este cuento es que no termina como un esperaría, y no termina ahora.

domingo, 12 de octubre de 2014

Sobre la ilusión de control

Considerando que existen muchas maneras de ver las cosas, cada vez que abro un canal de comunicación me pregunto si seré o no tomado en serio; durante la formación aprendí las formas que uno debe seguir para ser tomado en serio académicamente (esa no es la forma en la que busco ser tomado en esta entrada, de hecho no es la forma en la que quiero ser tomado en este blog).
Sin embargo hoy quisiera de ser tomado ligeramente en serio(no necesariamente por la academia), no porque yo sea alguien a quien se deba tomar en serio(eso no motiva mi deseo), sino porque creo que el mensaje al menos podría ser evaluado, por ojos abiertos a la reflexión y no al escrutinio.

Intentemos dejar de intentar tener el control, no lo tenemos, nunca lo tuvimos, nunca lo tendremos. No tenemos idea de la cantidad de conocimiento que no sabemos, ni siquiera tenemos una idea de la cantidad de conocimiento que no sabremos, los límites del conocimiento que podemos alcanzar están delimitados por los límites de nuestra curiosidad, nuestra apertura a dejar ir aquello que pensabamos que sabíamos y nuestra disposición a reemplazarlo por algo nuevo.
Si tomamos esta como verdad (y esa una de las grandes verdades en las que escojo creer), entonces debemos aceptar que nunca lo sabremos todo, que el día que creamos que sabemos suficiente es el día que determinamos activamente el final de nuestro crecimiento, y sinceramente, espero que ese día se aparte lo más posible de ahora.

Entonces, ¿que significa tener el control?

Supongo que cuando hablamos de eso nos referimos a que sea cual fuere la situación, sea como sea que se desarrollen las circunstancias, los resultados y la forma en que estos fueron obtenidos, son tal cual como esperabamos. Podría ser que tengamos una definición diferente de "tener el control" pero con la que me manejo va algo como: "Conocer y controlar la influencia de las diferentes variables en determinada situación". Sobre esto podríamos trabajar y decir que no necesariamente necesitamos controlar TODAS las variables, controlamos las principales y establecemos planes de contingencia, con lo que tener el control es "conocer todas y controlar algunas variables, sino estas preparado para las que sabes que pueden funcionar diferente a lo esperado", probablemente esa sea una definición más agradable, sin embargo eso nos deja la imposible tarea(de acuerdo a lo propuesto arriba) de saberlo todo, cosa que simplemente no podemos, y que tampoco necesitamos, no tenemos muy claro como funciona exactamente la gravedad, tenemos un idea, y con esa idea hemos despegado naves al espacio.
Y también podemos decir que no necesitamos conocer TODAS las variables, solo las más influyentes; como si tuvieramos una verdadera idea de la cantidad de sucesos se dan bajo nuestros sentidos sin levantar alertas en nuestra percepción, simplemente no se puede saber cuánto no se sabe, puede ser importante o no, puede que hayan otras personas que lo sepan, puede que hasta ahora nadie se haya hecho las preguntas correctas. Pero digamos que dejamos de lado las variables de cuya existencia no somos conscientes pero que sabemos que están ahi, o las consideramos como un riesgo.
Entonces queda algo así:
Tener el control es "estar preparado a lo que va a suceder, manejando lo que puedo manejar, estando listo para responder a lo que no puedo manejar y rogando al azar para que no suceda algo que escapa de mi preparación y que no pueda explicar". Sinceramente esa definición no me hace sentir muy en control, y eso por eso que el control es una ilusión de nuestra conciencia, porque cuando vamos a 80 kms por hora manejando un automovil de 2 toneladas, no queremos pensar que no tenemos el control de la situación, queremos sentirnos en control.
Dejemos ir la ilusión de control, dejemos de pensar que podemos enfrentarnos al universo tomando el toro por las astas, entendamos que mientras más conozcamos, mejor podremos prepararnos y responder a los nuevos retos, las variables inesperadas, pero que no siempre será suficiente, y que no debemos enfocarnos en mantener el control, sino en recibir el conocimiento y responder de acuerdo a ello. Recordemos que no hemos dejado de ser niños enfrentándose a un mundo desconocido, aprendamos a adaptarnos a él, no lo transformemos en algo "seguro" donde las cosas están "bajo control", dejemos ir la ilusión de control, aprendamos a ser armónicos en la entropía.

martes, 23 de abril de 2013

Ir al teatro sólo.

Definitivamente no sería la primera vez, y el pensar que puedo hacerlo me da fuerzas necesarias para atreverme a hacerlo. Probarme a mí mismo que puedo volver a ser una persona que disfruta de una paz interior que me permite disfrutar de un tiempo a solas sin necesidad de compartir el espacio, sentirme independiente y libre, de alguna manera pareciera que no es muy diferente a ver una pela en casa, sin embargo lo es. Hay algo de naturalmente intimo en ver una pela en casa, sin embargo ir al teatro es algo social y externo, supongo que hay gente que va sola y es feliz yendo sola, alguna vez lo hice y fui feliz haciéndolo, sería feliz ahora. Volver a Fulano es una experiencia solitaria, como una tenia, un parásito de pensamientos no tan sublimes, talvez letales, cuando empecé fulano lo empecé para escribir y ser leído, ahora lo retomo como parte de una experiencia liberadora, escribir para que este ahí afuera, simbólicamente fuera, cibernéticamente fuera. Puede ser leído o no. Puede ser comentado o no. Puede ser famoso o no. Pero una vez que este fuera, ya no estará dentro (supongo que hay una figura literaria que me permita tener esta lógica circular, por más que esto esté bien lejos de ser poesía). Debo advertir a modo de disclaimer que si bien planeo regular mi texto, no debe ser tomado como ejemplo o como norma de vida, todo lo contrario, es potencialmente letal, por lo menos para mí lo es y espero que quien lea mis tribulaciones lo tenga claro. El blog es como el diario que no tendré pues no me exige disciplina. Cuando le puse el nombre pensé, suena divertido, pegará, pero ahora que pensaba en escribir mis tribulaciones letales en algún lugar, recordé este blog olvidado por el tiempo, y entendí la importancia de su nombre y, dejando de lado el pensamiento mágico, pensé en lo no casual de la idea y de la construcción del blog, me pareció muy entretenido. Pero volvamos al tema en cuestión. Cuando uno toma una decisión debe considerar pros y cons, evaluar contingencias, considerar posibles daños y beneficios y tomar una decisión informada. Bajo ese línea: Creo que lo peor que puede pasarme yendo al teatro solo es sentirme incómodo estando sólo, no tener un cita, no tener con quien hacer comentarios, no saber que hacer en el intermedio(si lo hay). Los beneficios serán autoexploratorios (ademas de los obvios beneficios de ir al teatro con o sin compañía) ¿Puedo pasar tiempo conmigo mismo? ¿Puedo divertirme sin tener una persona en la que apoyarme? ¿Puedo pensar en cosas graciosas sin tener la necesidad de decírselas a alguien a mi lado para que su risa apruebe mi amor propio? Supongo que todas estas preguntas son potenciales daños, si la respuesta a estas preguntas no me agrada entonces me arrepentiré de haber realizado el experimento, sin embargo el experimento debe ser realizado, estas son preguntas que tarde o temprano deben ser respondidas y la premura hace que las deba responder mas temprano que tarde. Iré al teatro sólo.

viernes, 18 de abril de 2008

Eau d'Bedroom Dancing

I'm in the sky when I`m on the floor
The world's a mess and your my only cure...

Se disipan los humos que vienen del techo, de entre la luz de mi cuarto, de mi habitación,
la pared envegecida cae a pedazos, trozos amarillos llenan en piso y despiertan,
despiertan a las arañas que caminan hacia mi, que me cubren, que me acarician
junto al humo del techo, como nubes de vapor, en envuelven junto a las telarañas
je parle, je crie, je pleure.

Los metales negros de mi ventana, de mi celda, despiertan
bailan para mi, se acercan y se alejan, tiemblan y viven
las arañas levantan los discos en el piso, los discos bailan
giro en el humo, en la nube, en la tela, en las serpientes barras de mi celda
je danse, je flotte, je vole.

There's no time for me to act mature
The only words I know are "more, more" and "more"

En mi cama de sangre nadan las arañas, nadan las serpientes
nadan entre flores de loto negras y brillantes, como estrellas de antimateria
absorviendo la nada, nadando mis serpientes, floto sobre el mar carmesí
los humos me sostienen, las telarañas me balancean
uno... dos... se balanceaban...
je me balance, je regarde le sang, je veux sauter.

Las escucho quebrarse, romperse poco a poco bajo mi peso
rasgarse con el humo, abrirse poco a poco, dejandome flotar sobre el mar de sangre,
sobre el mar de sangre, serpientes, arañas, flores de loto, antimateria
bajo el humo que sale de la luz de mi celda
poco a poco lo veo menos, poco a poco me voy sumergiendo
je flotte, je nage, je me noie.

There's no fear when I'm in my room
It's so clear and I know just what I want to do
All day bedroom dancing
To you I wanna say You're my thing


fulano letal

lunes, 25 de febrero de 2008

en la mira

te puse en la mira al subir, me gustaste un poco, no me tienes que gustar para que te observe, pero tu me gustaste

pensé mirarte desde lejos -como es mi costumbre- pero no podia, era el unico parado en el micro y el señor sentado detras de ti se fue, no podia no sentarme, el señor cobrador no me lo pidio, pero me esperaba un viaje largo, tuve que sentarme detras de ti y perder la distancia que tanto me proteje

entonces ya no podía observarte, me sentía desnudo tan cerca tuyo, hice lo que pude para protegerme sin mi amada distancia, me puse los lentes oscuros, me puse los audifonos, no podía prestarte atención, debía pensar otra cosa, escuchaba la música que venía de Eneo -el celular-, mientras trataba de no verte, lo logré
sé que lo logré porque sumergido en la música -sin darme cuenta- me apoyé en la parte de atrás de tu asiento, lo hice sin miedo y sin conocimiento alguno de que ibas a apoyarte en mi brazo -sin intención tuya de que fuera en mi brazo donde te apoyaras-

pero así como lo logré así me destruí, en el instante en que tu cabeza tocó mi brazo te volteaste a verme, me miraste sorprendida, como si recién, recién, hubieras notado mi existencia
la piel de mi espalda se contrajo, mi cara perdió color, sonreiste y volviste a tu conversación, comencé a sudar frío, mis manos temblaban tratando de pasar a otra canción, rogándole a Eneo que por favor suene, que alguien me llamé para hablar, para que pueda estar ocupado y no tenga que estar presente en el bochorno que se había vuelto mi cuerpo


no pasó, nadie llamó


una chica vestida de amarillo entro en el bus vendiendo helados, tu amiga y tú compraron dos, uno para cada una

comenzaron a comerlo, mientras reían, ¿se reirían de mi?, del chico nervioso que nos mira, se dirían con los ojos, entonces pasó, tu amiga se volteó a mirarme, me miraba con los ojos entre cerrados mientras mordía su helado, me miraba atentamente pero se burlaba de mi, no me quitaba los ojos de encima, y yo sabía, sabía, sé, que fui descubierto

quise irme, quise huir, lanzarme por la ventana, rogarle al conductor que choque el bus y acabe con mi suplicio

trate de mirar en otra dirección, no pude, la miraba y ella me miraba, temí, traté de sonreir, un gesto amorfo se formó en mi rostro y me salvaste
llamaste su atención sobre alguna nimiedad y me dejó de ver, aproveché la distracción y me fui

fui y cuando bajé no pude dejar de mirar el bus irse
fui a mi casa a sumergirme y traté de ver un poco más adentro

por un observador empedernido que fue observado

lunes, 21 de enero de 2008

ni para llamar por telefono

Cuando me desperte por primera vez estaba acorralado por mis hermanos, iguales a mi, en un cilindro que nos rodeaba y unía de forma tan ceñida que el movimiento era imposible.

No conocia nuestro orden de nacimiento hasta aquel momento en el que la señorita, elegantemente vestida, rompió el cilindro y contó: "ciento trinta y uno, ciento treinta y dos, ciento treinta y tres soles, señor, gracias por preferir nuestro servicio".

Una mano sudorosa me tomo junto a mis dos hermanos mayores y reflejando la luz sobre nuestros plateadas superficies fuimos a pasar con el resto de dinero en un espacio de cuero que se sumio en la oscuridad al poco tiempo de que entramos.

A las pocas horas fui extraido del lugar de cuero, "tu pasaje" dijo el hombre de la mano sudorosa, pase de la mano sudorosa a una mano pequeña, pequeña amarilla mano, que me metio, junto a un primo del mismo tamaño, en un bolsillo blanco transparente en el lado izquierdo de su camisa.
"¡Que chevere, esta nuevecita!" susurró mientras me sacaba del bolsillo y me miraba anonadado. me daba vuelta sobre su mano, viendo la cara y el sello, cuando cruzó la puerta de su casa su mamá le advortio que mirara la pista y que guarde su plata, asi lo hizo.

Ya en el bus me volvió a sacar para seguirme viendo, cuando se acerco un hombre con otra mano sudorosa el niño de la mano amarilla saco a mi primo y lo puso en la sudorosa mano con un apendice negrusco en la uña crecida del dedo pequeño.

El hombre sudoroso, todo él ahora sudoroso, sacó de un estuche de cuero colgado de su cintura, el que sonaba como miles de primos míos, a uno muy parecido a mí, pero más pequeño, lo puso en la mano del niño, en la mano del niño que no me tenía, y se fue.

El niño miró al más pequeño unos momentos, le dio unas vueltas sobre su palma y lo guardó en el bolsillo blanco transparente de donde habia sacado a mi primo. Me siguió mirando hasta que tuvo que bajar del bus.

"No la voy a gastar hasta que tenga una más nueva, ¡mira cómo brilla!" Le dijo a otro niño haciendo reflejar al sol sobre mí. El otro niño me miraba embelezado. "Yo tenía un ferro que tambien brillaba, pero nunca una luca ¡qué chevere!"

Un niño grueso los miraba desde una banca al medio del patio, sonrió al verme brillar, el lunar al lado de su boca se torno malevolo, se paró, corrió hasta los niños y tomó su pequeña mano entre su mano sudorosa. "¡Dame!" gritó.

El niño gordo me puso en su negra mano sudorosa, me daba vueltas sobre su palma, luego me metió en un bolsillo negro, en su pantalón, mientras se alejaba del niño que lloraba en el suelo. El amigo del ferro brillante lo consoló hasta que la campana sonó.

Durante horas estuve metido en el sudoroso bolsillo del niño, podía sentir el calor de sus piernas en mi, podia sentir como se iba mojando todo al rededor mientras el tiempo pasaba, mientras el niño escuchaba clase, mientras jugaba fútbol, mientras le pegaba a otros niños.

Al momento que la campana sonó el niño grueso me sacó de su bolsillo, me miró sorprendido y se acerco al niño de la mano amarilla. "Ya no brilla, toma tu moneda, ya no la quiero". El niño de la mano amarilla me comenzó a dar vueltas sobre su palma mientras lloraba, triste, furioso.

Cerró su mano sobre mi y me lanzó con todas sus fuerzas, caí en la pista y rebote, una, dos, tres veces, entonces me quede ahí, inerte, ahora amarillo, sin poder reflejar el sol para que alguien me viera y m recoja, el sudor del niño grueso me había hecho invisible.

Durante días los autos pasaban sobre mí, me aplastaban, me arrastraban poco a poco, me sentia cada vez más plano y más amplio. A veces me daban por un costado y me hacían saltar más cerca o más lejos de la acera, hasta que un buen día un bus me hizo saltar y caer en la vereda, rebote una, dos y tres veces otra vez, el piso duro de la vereda me hizo sonar metalicamente. Un niño que reía mientras pateaba una botella, me escuchó rebotar y me recogió con una sonrisa en los labios.

Fue corriendo donde una señora que vendía unos tubos fríos y de colores. "Deme un marciano de fresa, seño", dijo en niño. Me puso en la mano de la señora mientras mientras con la otra mano recibía un tubo rosa.

La señora me dió vueltas en su palma arrugada sin soltar el tubo, llamado marciano. "Lo siento papito", dijo la señora mientras me devolvía al niño y le quitaba al niño el tal marciano, "esa moneda no sirve ni para llamar por teléfono, trata de pasarla en otro lado".

Escrito por una moneda que tampoco sirvió para comprar un café